Maite dejó Valencia por Cañete: menos alquiler, más espacio y comunidad. Con Proyecto Arraigo encontró trabajo, tranquilidad y futuro. Conoce su historia.
Hay historias que explican mejor que cualquier dato qué significa cambiar de vida. La de Maite es una de ellas. “Me vine aquí de Valencia a Cañete… y la verdad que es el mejor cambio que he podido hacer”, cuenta. Cañete —un pueblo de algo más de 1.000 habitantes— le ofreció lo que la ciudad ya no podía darle: tranquilidad, comunidad y un futuro posible.
Antes: el agobio y la rueda que no para
“En Valencia estaba muy agobiada. Había mucho jaleo, mucho ajetreo. El trabajo escaseaba.” La secuencia fue dura: accidente, tres operaciones, divorcio y contratos que no llegaban. Aunque tenía formación en Administración y Dirección de Empresas, “al faltarme la experiencia que me requerían —un año— no me contrataban”. Antes había sido socorrista y monitora de piscina, y más tarde trabajó en limpieza, pero tras las operaciones tampoco pudo continuar.
Su día a día era una carrera: “Me levantaba, me cruzaba Valencia varias veces al día… me agoté”. Hasta que ocurrió el accidente en bici y la rueda se paró. Entonces apareció una puerta: “Me encontré con Proyecto Arraigo y mandé la solicitud”. Ese pequeño gesto —rellenar un formulario— fue el inicio del cambio.
¿Te imaginas tú también viviendo en un pueblo?
En Proyecto Arraigo acompañamos a personas y familias que quieren dejar la ciudad para empezar una nueva vida en el medio rural. Vivienda, empleo, comunidad… Todo empieza con una decisión.
Quiero empezar el procesoEl salto: de la duda al arraigo
Mudarse a un pueblo impone. “Me vine con una mano delante y otra detrás. No tenía a nadie aquí.” Las primeras horas fueron vértigo: “¿A dónde me he venido? ¿Qué voy a hacer aquí?”. Pero Cañete respondió con lo que define a la España rural cuando te abre la puerta: cobijo. “Me sentí cobijada por las personas del pueblo. Estaban siempre pendientes por si necesitábamos algo, mis hijos y yo.”
Llegó el 1 de agosto de hace unos tres años. Y al día siguiente ya estaba trabajando en el Restaurante La Muralla. Desde entonces, Maite sigue ahí: vida sencilla, trabajo digno y una red humana alrededor.
Lo que cambia cuando te mudas al rural
“Lo primero es la tranquilidad”, dice Maite. Pero la tranquilidad no es solo silencio: es tiempo. Tiempo para la familia, para uno mismo y para dejar de vivir a salto de mata. También es economía real. Maite pone un ejemplo claro:
- Valencia: “Por un quinto sin ascensor de 50 m² con dos habitaciones, 550 € de alquiler”.
- Cañete: “Ahora pago 350 € por una casa completa con tres plantas de 56 m² cada una y patio”.
La diferencia no es solo mensual: es vital. Porque cuando el alquiler no te ahoga, decides mejor. Y porque moverte por la ciudad tiene un coste que en el pueblo no existe: “En Valencia ya nada más que con salir, de un sitio a otro, tienes que pagar transporte público.” En el pueblo, además, la confianza vuelve a ser posible: “La gente… no te puedes fiar de todo el mundo, pero aquí es distinto”.
Ser urbanita (y dejar de serlo)
En Proyecto Arraigo llamamos urbanitas a quienes viven en la ciudad y buscan otra cosa: más tiempo, más comunidad, más raíz. Maite lo explica sin teoría: quería calidad de vida y trabajar. “A la gente que piensa que en los pueblos no hay futuro, que no hay trabajo… que no piensen eso. Hay muchas opciones si vienes con ganas.”
¿Quieres saber cómo funciona el proceso?
Te acompañamos paso a paso para encontrar pueblo, vivienda y empleo con Proyecto Arraigo.
Conoce cómo te acompañamosSer urbanita no es una etiqueta, es un punto de partida. Lo importante es lo que viene después: elegir un pueblo, encontrar una vivienda asequible, un empleo posible y una comunidad que te arrope mientras aterrizas. Maite lo resume: “Venir al pueblo ha sido la mejor decisión que podía tomar.”
Un futuro con nombre propio: Cañete
Planificar a diez años es, muchas veces, un deseo. Para Maite es una certeza: “Dentro de 10 años me veo viviendo en Cañete o en algún pueblo. A la ciudad no vuelvo.” No es una renuncia, es una elección consciente: prefiere la calidad de vida de los pueblos.
Ese es el corazón de nuestras historias: no hablamos de huir de la ciudad, hablamos de elegir el lugar que te sienta bien. Cuando el coste de la vivienda es razonable, cuando puedes trabajar y cuando sientes que perteneces, la vida cambia de ritmo. Y cambia para mejor.
Lo que te llevas cuando te arraigas
- Tranquilidad que se nota al despertar.
- Red: gente que te pregunta cómo estás y te ayuda si lo necesitas.
- Vivienda con espacio, patio y precio justo.
- Tiempo para tus hijos y para ti.
- Dignidad en lo cotidiano: trabajar, llegar a fin de mes y vivir con calma.
¿Te resuena la historia de Maite?
Si buscas tranquilidad, comunidad y oportunidades reales en el rural, da el primer paso hoy.
Maite no habla de grandes palabras. Habla de respirar. De haber pasado por golpes —accidente, operaciones, divorcio— y aún así poder decir: “es el mejor cambio que he podido hacer”.
Si te reconoces en esta historia
Si te resuena el “me agota la ciudad”, si haces cuentas y no salen, si te imaginas una vida más humana en un pueblo, el camino empieza igual que el de Maite: con una solicitud.
- Rellena el formulario y da el primer paso.
- Conoce cómo te acompañamos en el cambio.
- Empieza tu proceso hoy mismo.
No se trata de prometerte una vida perfecta. Se trata de abrirte una puerta real —como la de Maite— para que tu historia también pueda cambiar de rumbo. Porque los pueblos sí tienen futuro. Y, quizá, tu futuro está en uno de ellos.
¿Te estás planteando cambiar de vida?
Si sueñas con una vida más tranquila, con más comunidad y oportunidades reales en el rural,
te acompañamos en el proceso paso a paso.



