No encajaba en la ciudad; ahora ejerce de veterinaria en un pueblo de 255 hab. a 38 km de Palencia. Melgar de Yuso: comunidad y tiempo.
“Hola, soy Alicia Suárez. Este es mi familia, Diego y Adrián.” La historia arranca con una presentación sin adornos y un gesto que lo cambia todo: “Llené el formulario… me llamaron… me ofrecieron un empleo aquí en Melgar de Yuso.”Antes, Palma de Mallorca era la referencia diaria, con su ritmo de ciudad grande y esa sensación persistente de no terminar de encajar: “Yo soy veterinaria y no encontraba como que el sitio; los trabajos que conseguía no era lo que yo quería.”
La decisión tomó forma paso a paso y con los pies en la tierra: “Vine a conocer el pueblo. Vinimos a ver el trabajo que me ofrecían.” Y entonces, el salto medido: “Dimos el paso… nos trasladamos de Mallorca en el barco… vinimos con dos maletas, tres maletas.” No se necesita más para empezar cuando lo importante está claro.

En el relato quedan anclajes que funcionan como brújulas: dos/tres maletas para empezar ligero, 255 habitantes para medir la escala humana, 38 kilómetros para ubicar servicios y oportunidades, transporte escolar para la rutina familiar, vecinos para la red de apoyo, veterinaria para el oficio. Todo eso no es un eslogan; es vida diaria.
“Desde entonces aquí estamos.” La frase parece pequeña, pero contiene una decisión grande: quedarse. Cuando la casa, el trabajo y la escuela encajan con la geografía, el verbo quedarse deja de ser un compromiso y se vuelve la opción natural.
255 habitantes, 38 kilómetros y una vida completa
Hay números que cuentan más que una estadística: “Es un pueblo pequeño, 255 habitantes.” En esa escala, Alicia descubre que “tenemos todo”. La tranquilidad no significa aislamiento, porque “estamos a 38 kilómetros de Palencia, que es la capital.” Ese dato encaja la logística sin quitarle aire al día: lo necesario está cerca, la prisa deja de mandar.
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Quiero empezar el procesoLa familia aterriza con lo esencial resuelto. “Mi hijo mayor estudia en Palencia. Tienen su transporte escolar.” En el calendario aparecen nuevos huecos y menos carreras; en el mapa, menos atascos y más ruta llana. Alicia lo resume con una frase que podría ser un método: “Organizándote todo, todo se puede.” La organización deja de ser una defensa contra el caos y se vuelve un modo de vivir.
La pieza que faltaba: ejercer la vocación
El nudo de la historia es laboral y personal a la vez. “Yo soy veterinaria.” En la ciudad, esa identidad profesional se le escapaba entre dedos. En el rural, encuentra el marco para desplegarla: “Aquí me dieron la oportunidad… actualmente ya estoy ejerciendo como veterinaria.” La frase abre una puerta a la vez que dibuja un territorio: “O sea que puedo estar aquí en el pueblo porque voy a Burgos, voy a Valladolid, pueblos de Palencia.”
La clave no es elegir entre trabajo y vida, sino recolocarlos en un mapa que los haga compatibles. El pueblo deja de ser una frontera y se convierte en centro de operaciones: base tranquila, radios de movimiento, oficio con sentido. La vocación encaja y, con ella, el resto.
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Conoce cómo te acompañamosComunidad que sostiene: “Nos apoyamos unos con otros”
El relato de Alicia ofrece una guía sin necesidad de manual:
- Descubrir el proyecto “a través de las redes sociales”.
- “Llené el formulario.”
- “Me llamaron.”
- “Me ofrecieron un empleo.”
- Visitar el pueblo y el puesto.
- Decidir y moverse: “en barco… con dos maletas, tres maletas”.
- Aterrizar con lo importante alineado: escuela, transporte, comunidad.
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Ese orden es parte del valor: poner peldaños donde otros ven un salto. En Proyecto Arraigo trabajamos para que cada paso sea concreto y verificable: del diagnóstico de necesidades a la propuesta de pueblos, del empleo real a la vivienda posible, del aterrizaje administrativo a la integración en la comunidad. No hay atajos mágicos; hay un itinerario que reduce incertidumbre y multiplica las opciones de encaje.
Lo que cambia (y lo que permanece)
- Tiempo: menos trayectos improductivos, más vida en común.
- Comunidad: “nos apoyamos unos con otros” no es una metáfora; es una forma de estar.
- Oficio: “ya estoy ejerciendo como veterinaria”; el trabajo existe y tiene territorio.
- Escala: “255 habitantes… tenemos todo”; lo esencial está, lo accesorio deja de mandar.
- Accesibilidad: “38 kilómetros a Palencia” integran el circuito escolar, sanitario y profesional.
Lo que permanece son las prioridades: familia, educación, vocación. Lo que cambia es el ecosistema que las sostiene. Alicia lo dice con una mezcla de alivio y determinación: “Organizándote todo, todo se puede.” El orden no es rigidez; es capacidad de elegir.
Consejos desde la experiencia (en sus propias palabras)
Alicia no pontifica; comparte. “Le digo a las personas que quieran dar el paso a lo rural… que si estás en la ciudad, es un gran cambio. Pero para la calidad de vida, te da muchísimas más oportunidades.” La invitación no es a lanzarse sin mirar, sino a pensarlo bien y venir a ver. Por eso su ruta comienza con una visita y un empleo vistos de cerca. Lo que después llega —el barco, las maletas ligeras, la primera noche— ya no es un salto al vacío, sino una entrada con nombre y apellidos.
Si te reconoces en esta historia
Si lees esta historia y te resuena el “no encontraba el sitio”, si reconoces en tu rutina el peso de la ciudad grande, si valoras la comunidad, el tiempo y una vocación que necesita otro ritmo, quizá tu mapa también tenga un punto marcado en Palencia. El comienzo puede ser igual de sencillo: un formulario, una llamada, una visita. Lo demás es orden y acompañamiento.
Proyecto Arraigo Palencia, en colaboración con Diputación de Palencia.
Melgar de Yuso demuestra que un pueblo de 255 habitantes a 38 km de la capital puede ofrecer todo cuando lo esencial está en su sitio: familia, oficio y comunidad.
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