Dejaron atrás los turnos de noche en una fábrica belga y un invierno donde a las seis de la tarde ya era noche cerrada. Erika, Moha y sus tres hijos cambiaron la oscuridad y el aislamiento por la luz de Oña (Burgos), demostrando que en el mundo rural no solo hay tranquilidad: también hay empleo, comunidad y un futuro que se escribe a largo plazo.
Romper la «rueda de vida»: cuando la ciudad te quita el tiempo
Imagina vivir en un lugar donde la rutina es un engranaje perfecto, pero asfixiante. Así describen Erika y Moha su vida en Bélgica antes de dar el salto. “Era trabajar, ir a casa y dormir. Una rueda de vida”, confiesa Erika. Mientras él cubría turnos de noche en una fábrica, ella se encargaba de la casa y de los niños durante el día. Apenas coincidían. Eran una familia que convivía, pero que no tenía tiempo para vivir.
A la falta de conciliación se sumaba una barrera invisible pero infranqueable: el aislamiento social. “Allí, si no es su idioma, no te hablan”, recuerda ella sobre la frialdad de las relaciones en su antiguo entorno. Sus tres hijos —de 15, 11 y 9 años— crecían en un contexto donde salir a la calle o celebrar un cumpleaños era una actividad solitaria. La oscuridad del invierno belga, donde “a las seis y media de la tarde ya es noche cerrada”, terminaba de encerrarlos en casa.
Necesitaban un cambio urgente. No buscaban solo un lugar geográfico diferente; buscaban luz, calor humano y recuperar el control de su tiempo.
¿Sientes que necesitas un cambio urgente?
Si tu rutina en la ciudad te consume y buscas calidad de vida real,
en Proyecto Arraigo te ayudamos a encontrar tu lugar en un pueblo.
El detonante: un mensaje enviado un domingo
La decisión no fue impulsiva, pero sí rápida. Durante un viaje de vacaciones, la idea de mudarse a un pueblo de España cobró fuerza. Buscando opciones en internet, se toparon con Proyecto Arraigo. Lo que sucedió a continuación marcó la diferencia entre un sueño y un plan real: “Escribí un mensaje y fueron muy rápidos. Me contestaron al día siguiente, un domingo”.
Aquí es donde entra en juego la labor de acompañamiento. Mudarse de país con tres hijos no es sencillo; hacerlo a un entorno rural sin contactos previos, menos aún. Desde Bélgica, encontrar un alquiler en la España rural es una misión casi imposible para un particular. “Desde allí nosotros no podíamos buscar casa, ni trabajo, es muy difícil”, explica Erika.
Gracias al trabajo técnico de Proyecto Arraigo Burgos, que opera con el apoyo y financiación de SODEBUR y la Diputación de Burgos, la familia recibió una hoja de ruta clara. No tuvieron que buscar a ciegas: llegaron a Oña con la vivienda gestionada y los niños inscritos en el colegio. “Ya vas tranquilo a un sitio donde tienes todo a medio hacer”.
Oña: tranquilidad, trabajo y el fin de los mitos
La primera impresión al llegar a Oña fue física: un pueblo entre montañas, sin ruido, sin el estrés del tráfico. Pero la verdadera prueba de fuego para cualquier familia que se plantea la repoblación rural es el empleo. Existe el mito extendido de que en los pueblos no hay trabajo. La historia de Erika y Moha lo desmonta por completo.
Antes de venir, admiten que tuvieron “miedos por la incertidumbre, si mi marido iba a tener un trabajo estable”. Hoy, la realidad es rotunda: ambos trabajan. Erika se desempeña en la residencia de mayores de Oña, mientras que Moha trabaja en una empresa de jardinería de la zona.
“¿Qué le diría a la gente que dice que no hay futuro en los pueblos? Que se equivocan. Nosotros hemos venido y los dos tenemos trabajo. Si tú quieres, hay oportunidades”.
Una infancia recuperada: «Aquí celebramos con todo el pueblo»
Más allá de la estabilidad económica, lo que realmente ha transformado la vida de esta familia es la comunidad. En la ciudad, sus hijos celebraban los cumpleaños solos. En Oña, la integración ha sido total. “La acogida ha sido buenísima desde el minuto uno. La gente estaba feliz de que vinieran niños”, cuenta Erika con una sonrisa.
Ahora tienen “libertad”. Esa palabra se repite constantemente en su testimonio. Libertad para salir, para tener amistades nuevas, para hacer comidas y meriendas con los vecinos. Han pasado del aislamiento urbano a sentirse parte de algo más grande. “Nos conocemos entre todos. Es muy familiar”.
El futuro se escribe desde el pueblo
Cuando se les pregunta por el futuro, no hay dudas. ¿Se imaginan en Oña dentro de diez años? La respuesta es un “sí” rotundo. Erika resume este cambio vital en una sola frase: “El mejor acierto que hemos tenido”.
Su historia es un recordatorio de que mudarse a un pueblo no es un paso atrás, sino un salto hacia adelante en calidad de vida. Es cambiar el estrés por la montaña, la soledad por la comunidad y la incertidumbre por un proyecto de vida sólido.
Como dicen ellos mismos a quienes estén dudando: “Que no es todo color de rosas, conlleva un esfuerzo… pero luego se mejora todo. El primer año es difícil, pero vale la pena”.
¿Te imaginas tu vida dentro de 10 años en un pueblo?
Historias como la de Erika y Moha demuestran que es posible encontrar trabajo, vivienda y felicidad en el medio rural.
En Proyecto Arraigo Burgos te acompañamos en todo el proceso.



